La música, como lenguaje universal, puede ser y de hecho es, un instrumento de unión entre pueblos.
La música genera conciencia y espacios de respeto, es capaz de cruzar barreras culturales y permite que las personas se comuniquen a un nivel diferente al que ofrece la palabra hablada.
Un buen ejemplo es la Orquesta West-Eastern Divan fundada en 1999 por el director de orquesta israelí Daniel Barenboim y el intelectual y activista palestino Edward Said. Se trata de un gran proyecto musical para jóvenes israelíes y palestinos en el que se combina el estudio y desarrollo musical con el conocimiento y comprensión de culturas distintas.