Una de las diferencias esenciales entre un compositor clásico y un compositor romántico reside en la intención de usar o no la música como forma de expresión personal. Para una mentalidad clásica, la música es «forma musical», una sonata es una sonata con independencia de los sentimientos que su compositor experimenta cuando la está creando. Pero para un romántico, la música es «expresión», es decir, algo inseparable de los sentimientos que predominan en el compositor al escribirla. Schumann afirma en una de sus cartas: «Me afecta todo lo que sucede en el mundo -la política, la literatura, la gente- y medito todo eso a mi propio modo, y después anhelo expresar en música mis sentimientos. Por eso a veces es difícil entender mis composiciones, porque están relacionadas con muchos intereses distantes entre sí, porque todo lo que sucede me impresiona y me fuerza a expresar en música esas impresiones».