-El arte y las letras del siglo XIX venezolano proyectaron muchos de los ideales independentistas de lo que sería una futura república. En cada una de sus obras se representaba el sentir de una nueva sociedad.
La música, como las demás expresiones artísticas, se amoldó a los cambios sociales y culturales de la época. Ya las notas eclesiásticas o los cantos religiosos no dominaban la escena musical de mediados del siglo XIX. Bajo la influencia de las tendencias clásicas y románticas europeas y las bases que el padre Sojo inculcó en la Escuela de Chacao, fundada a finales del siglo XVIII, la música adquirió un nuevo matiz.
De la Escuela de Chacao salieron, incluyendo a su director, Juan Manuel Olivares, grandes talentos de la música. Entre los más destacados están Cayetano Carreño; José Ángel Lamas, autor del famoso Popule Meus; Juan José Landaeta; Lino Gallardo, célebre por sus canciones patrióticas; Pedro Nolasco Colón; Juan Francisco Meserón; Atanasio Bello y José María Isaza.
Posteriormente, y siguiendo las tendencias románticas europeas, los compositores venezolanos del siglo XIX también dieron mucha importancia al valse, género que les permitía expresar sentimientos e impresiones de la sociedad de la época. Así, la música ya no se remitía solamente a salas de conciertos y mucho menos a escenarios religiosos, sino que podía disfrutarse en salones sociales. En este género destacaron Ramón Delgado Palacios; Heraclio Fernández, con su pieza El diablo suelto; y José Montero. Como lo afirmó José Antonio Calcaño, reconocido músico y estudioso del siglo XX: «En Venezuela, como sucedió también en otros países latinoamericanos, adquirió el valse una riqueza rítmica desconocida en Europa. [...] Los ejecutantes populares, al adoptar el valse, fueron incorporándole diseños rítmicos del joropo, elementos del seis por ocho de algunos bailes españoles o nativos, del tipo de zapateado, y, además, toda una serie abundante de síncopas de origen tal vez africano, y no sabemos hasta qué punto indígenas. [...] Así llegamos a tener en el valse criollo una superposición de diferentes ritmos y hasta diferentes compases, que hacen en nuestro valse una especie de contrapunteo de ritmos».