La formación de un fósil es un proceso complejo, en el que se dan muchas casualidades. Es casual, por ejemplo, que un animal muera cerca de algún lugar donde sus restos puedan sedimentar. También es casual que su cadáver no se convierta en alimento de animales carroñeros, que podrían destruir y dispersar los restos. Es otra casualidad que los sedimentos cubran rápidamente el cuerpo. Es casual que se produzca la litificación de los restos, que no se destruyan por procesos ligados a la dinámica del planeta, que se conserven en las rocas durante millones de años... y, por último, a veces su descubrimiento es casual.